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  • José María Zamoro

La integridad del directivo

Actualizado: ene 25


El pasado 18 de octubre tuve la ocasión de asistir a la presentación del cuaderno “La integridad del directivo” de Joaquín Garralda, profesor de IE Business School. Este estudio reflexiona sobre el dilema ético al que se enfrentan los líderes empresariales, cuestión que cobra vital importancia en nuestros días, cuando estamos inundados de noticias sobre escándalos que han tenido un gran seguimiento mediático.


La situación de crisis económica en la que nos encontramos parece avalar la práctica del “todo vale” para continuar al frente del negocio. Afortunadamente este estudio defiende que la presente crisis está mostrando el valor que la integridad aporta a profesionales y compañías. ¿Por qué es tan importante la integridad para las empresas?


A través de testimonios de líderes de reconocido prestigio y casos empresariales, se muestra que actuar de forma íntegra no sólo es una cuestión de satisfacción personal sino que es rentable: aporta beneficios económicos a largo plazo y se convierte en una de las principales ventajas competitivas en cualquier organización. La integridad genera credibilidad y confianza, algo muy difícil de medir pero cuya ausencia castiga duramente a una empresa o directivo cuando se destapa una actuación poco ética.


La relación entre las empresas y la sociedad se ha convertido en una relación de confianza. Los ciudadanos confiamos en una actuación responsable de las empresas de las que somos clientes, necesitamos hacerlo. Desde el momento en que las empresas tienen capacidad de influir en el desarrollo social en el operan asumen una responsabilidad. Responsabilidad que va más allá de cumplir con la legislación vigente y alude al cumplimento de unos principios que contribuyan a un desarrollo sostenible.


Me gustaría cerrar esta noticia con la cita con la que abrió su intervención Francisco Belil, CEO de Siemens para el Suroeste de Europa:

“No vendería el futuro de mi empresa por un beneficio a corto plazo”. Estas fueron las palabras de Werner von Siemens hace 163 años y siguen siendo tan válidas hoy como lo eran en el siglo XIX. Comprobémoslo en beneficio de todos”.


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